Antropología es lo que los antropólogos hacen

¿Qué hace un antropólogo? Ésta es una pregunta a la cual deben enfrentarse todos los antropólogos, a lo largo de su vida. El cuestionamiento no se da sólo sobre los términos de otros sujetos que la definen como algo confuso, laboralmente hablando, sino en términos personales, casi como una especie de sentido de vida.

Cuando hablo del sentido de vida me refiero a que la antropología hace parte de la subjetividad del sujeto que la escoge como profesión, desde ángulos políticos, económicos, éticos, e incluso, afectivos. Sí, afectivos, ya que el antropólogo crea afectos por los contenidos antropológicos, como por las personas que los han hecho a lo largo del tiempo, y porque es un espacio de socialización en el cual se construyen todo tipo de interacciones humanas significativas. Así pues, ser antropólogo es una vivencia que delimita una forma particular de interpretar, experimentar y sentir el mundo.

Nuestra habilidad como antropólogos radica en la oportunidad de salir de una cultura a otra,  siempre con la promesa del regreso a la propia, construyendo diferentes interpretaciones  sobre la naturaleza humana. Éstas, a su vez, se convierten en derroteros de pensamiento a lo largo del tiempo, formando posiciones que se defienden, se cuestionan, se critican, y ponen en escena todo un baile de poderes y emociones que los antropólogos significamos como parte de nuestra subjetividad, incluso, como una creencia.

El origen de la antropología puede remontarse al proceso de colonización, en el cual, los diarios de viaje y técnicas de caracterización de la población se convertían en un instrumento político de sometimiento. Más allá de sus dimensiones políticas como metodologías, fueron los insumos para plantear el estudio humano que, a la luz del tiempo, nos permitieron ver su fuerte vínculo con las condiciones sociales, culturales y políticas de su época de origen. El hecho de ser refutadas (a raíz también de eventos de carácter histórico como el debate de Fray Bartolomé de las Casas), abrió el camino hacia perspectivas que han venido construyendo, no sólo marcos de pensamiento de la disciplina, sino también una posición política (ética) de la misma. Ese gran aporte vino de la mano de la reflexión metodológica realizada por años y años, a través del enfoque etnográfico.

Gracias a la encarnación de esas posiciones que los antropólogos muestran desde sus textos, opiniones y debates, la antropología se convirtió en la hija rebelde del proceso de colonización, cuestionando no sólo su origen mismo, sino también las dimensiones sociales e históricas de la cultura occidental que atraviesan la disciplina. Así lo ha hecho también frente a situaciones de discriminación y violencia. Esa posición de reflexividad también hace que la disciplina se convierta en un sistema de símbolos que los antropólogos acreditamos como el sentido de lo que hacemos.

Por eso, aquí retomo la frase de Trouillot: “antropología, es lo que los antropólogos hacen” ya que si reflexionamos sobre lo que decimos que hacemos, está todo atravesado por un sistema de símbolos, pero también por aspectos de la experiencia en antropología: trabajo de campo, la investigación, el debate.

Si no creáramos favoritismos o críticas atravesadas por pasiones y una apropiación subjetiva de la disciplina, no sería posible que ésta tuviera una mirada profunda de lo que es, dentro de la cultura que la produce. Es decir, la antropología, gracias a la reflexibilidad, ha podido ver sus aspectos más cotidianos a partir de la experiencia que la etnografía y el trabajo de campo nos ha permitido experimentar, más allá del mero cientificismo como algo propio de la vida del antropólogo.

Así pues, nuestros diarios de campo están llenos de descripciones sobre la naturaleza humana, de significados culturales expresados a través de frustraciones y de alegrías que el proceso investigativo arroja. Todo esto otorga al análisis un valor atravesado por las emociones que despierta en nosotros la experiencia de campo. Siendo algo propio de nuestra subjetividad, estas emociones dicen quiénes somos desde un criterio político y ético, al ser comunicadas en una columna o en una charla de nuestra vida diaria.

La antropología se nos convierte en una cuestión personal cuando hacemos análisis de las mil locuras posibles creadas por la humanidad con ella. También sucede cuando le otorgamos una eficacia simbólica a sus significaciones porque creemos, o no, en lo que como antropólogos experimentamos. De esta manera ponemos en juego, a través de la confrontación académica, las emociones que la disciplina produce y con ello, los juegos de poder que propician las transformaciones.

Cuando la disciplina se ve como parte de la vida del sujeto, es también un producto cultural, afectado por condiciones históricas, sociales, económicas, políticas y culturales de occidente, incluso oriente, y convierten a la antropología en un sistema de símbolos que da sentido a una forma de comprender la naturaleza humana, de la cual somos parte.

La antropología, entonces, si es lo que los antropólogos hacen: desde consultorías, academia u otras funciones. También es lo que el antropólogo experimenta en su quehacer diario, lo que le produce sensaciones y significados que apropia como parte de su subjetividad, de su yo, lo que le dice qué es ser antropólogo en los términos que éste mismo defina.

@masterenplastil

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4 Respuestas a “Antropología es lo que los antropólogos hacen

  1. Ahhhhhhh, por eso es que te quiero tanto y te doy mi corazón, te metiste en mi cabeza!!!! Super Margo, muy bueno este artículo!!!! Y sin tantas referencias bibliográficas, lo cual para mi lo hace más valioso aún.

    • Manu!! muchas gracias, fue poner en lineas nuestras conversaciones, esta columna la inspiro todas esas reflexiones. Tienes razon en un lenguaje sencillo mejor.

  2. La pregunta de reunión familiar o visita ¿Y qué hace un antropólogo? es mucho más difícil de resolver que cualquier discusión o debate académico. Éste es un debate que se lleva a cabo en milésimas de segundo, en un diálogo uno a uno consigo mismo para contestar “Bueno… depende de la rama.. son éstas…”
    Las reflexiones sobre la disciplina son un deleite.
    Un abrazo Marge.

    A propósito. “Hablando de antropología con un taxista. Palabras en la ceremonia de graduación” del Profesor Carlos Miñana http://bit.ly/uPGG4q. :)

    • Esa pregunta no es solo el rito de paso, al inciar la carrera o al graduarse de ella, frente a los circulos socializadores cercanos: amigos y familia. Sino también, un cuestionamietno que atravieza el posicionamiento academico como las escenas de la vida cotidiana del pago de servicios, comida, viajes, etc. Las reflexiones sobre la disciplina pasan por aquellas cosas. Gracias por el comentario.

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