Pensar el Futuro Escolar en Colombia #2

Pensar el futuro escolar” es una serie de 3 artículos que plantean algunos puntos concretos para repensar el futuro de la Educación (con E mayúscula) en Colombia. La idea es contribuir en la continuidad de un diálogo sobre este tema, tratando de trascender las posturas coyunturales generadas por los incidentes o procesos que se dieron en el país, durante el 2011.

En la entrega #1 de esta serie, publicada el pasado 20 de Noviembre, examinamos el concepto de desarrollo humano, tal como ha sido planteado por la ONU. Reiterando que no es ésta la única ni la más válida definición de dicho concepto, el ejercicio ofreció una manera concreta de ilustrar cómo el nivel de desigualdad afecta el diseño y la implementación de una política educativa nacional. Esta segunda entrega, se enfocará en ilustrar la relación entre educación y la idea de nación, a través del análisis de un caso que se ha convertido en modelo global.

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Política de Educación = Proyecto de Nación

“Existe un país donde los estudiantes empiezan el colegio a una edad avanzada, toman menos clases, disfrutan vacaciones de 3 meses, gastan menos horas diarias en la escuela, y rara vez tienen tareas o exámenes. Existe un país donde los profesores son profesionales respetados, rápidamente contratados, pocas veces evaluados, donde ganan salarios promedio y  donde son miembros de un sólido sindicato. Existe un país donde las escuelas reciben un apoyo financiero moderado, desarrollan su propio plan de estudios, investigan y adoptan sus propias tecnologías, eliminan las brechas entre los logros de los estudiantes y garantizan que ningún niño esté en desventaja. Ese país está entre los primeros países del mundo, bajo casi todas las mediciones . . . Bienvenido a Finlandia.”

Como ráfagas luminosas, estas palabras aparecen y se desvanecen sobre un fondo que muestra las imágenes de una lluviosa, oscura, fría, pero también dinámica Helsinki. Este es el preludio de “The Finland Phenomenon: Inside the World’s Most Surprising School System”  (El fenómeno de Finlandia: dentro del sistema educativo más sorprendente del mundo), una de las varias producciones norteamericanas, en una serie de documentales, sobre la educación en el siglo XXI. Este trabajo específico es dirigido por el cineasta Bob Compton, en asociación con Tony Wagner, un intelectual público estadounidense de Harvard especializado en Educación.

El documental es acertado. Finlandia, un país nórdico con poco más de 5 millones de habitantes, ha sido repetidamente catalogado como “el mejor sistema de educación en el mundo,” dado su continuo y rotundo éxito en las pruebas PISA (Program for International Student Assessment). Estos competitivos exámenes son exclusivamente administrados en los países industrializados con el objetivo de medir la capacidad de lectura, matemática y en ciencias, de todos los estudiantes de 15 años.  Finlandia ha figurado entre los primeros tres puestos, en las tres capacidades, durante la última década.

El sistema educativo finlandés es absolutamente gratuito, desde la educación preescolar hasta la superior. Cada una de las instituciones educativas dentro de  ese territorio está financiada por el Estado. No existe un sólo plantel, ni una sola universidad que esté sostenida con recursos privados y todo el mundo tiene acceso a la misma calidad de educación. Todos los programas han sido cuidadosamente diseñados: la educación temprana es considerada como el espacio donde el niño “aprende a aprender”; la educación básica empieza a los 7 años y termina a los 16, momento en el que los estudiantes escogen el camino académico o el vocacional, para  luego seguirlos durante los tres últimos años escolares. En la educación superior, toman la ruta universitaria o la politécnica, ambas con focos diferentes y específicos.

Los profesores son altamente calificados y requieren, como mínimo, un nivel de Maestría. Es tal la exigencia y rigor de esta profesión que, año tras año, numerosas aplicaciones deben ser rechazadas. La gente se pelea por ser profesor en Finlandia y el respeto social hacia dicha profesión es altísimo. Tal como lo menciona el documental, las evaluaciones son casi inexistentes, y la medición del nivel de un estudiante depende exclusivamente del profesor. Finlandia diseña sus metodologías independientemente; se abstiene de aplicar lógicas y estándares externos, derivados de las lógicas de mercado. Tanto las escuelas, como los profesores mismos, tienen absoluta autonomía y espacio ilimitado para desarrollar sus propias metodologías. Es casi como si cada escuela tuviera licencia para ser un laboratorio de todos los docentes, quienes -en esencia- son investigadores, pedagogos rigurosos y creativos en búsqueda de nuevas rutas para el aprendizaje.

En Colombia, este caso empezó a ganar atención debido al debate educativo que invadió el discurso mediático, recientemente. Este caso también tardó en ser  reconocido en Estados Unidos, donde el orgullo no logró evadir la realidad (la información se divulgó de manera masiva en el 2010, cuando la revista Newsweek catalogó a Finlandia como el mejor país del mundo.) Numerosos artículos y especialistas examinan este sistema, con el afán de copiar “la receta.” “El secreto está en los profesores,” afirman unos; “la clave es la gratuidad,” argumentan otros, mientras los demás explican este éxito con la combinación de factores como el tamaño  y el acceso a recursos (país pequeño y rico). Pero la receta no se basa en la estructura ni en la composición del sistema educativo – la receta radica en el diseño e implementación del mismo, pues partió del contexto específico de este país y fue concebido como un elaborado proyecto de nación.

Durante siglos, el “Gran Ducado de Finlandia” fue colonia sueca, y más adelante se convirtió en territorio ruso. La independencia del dominio soviético sólo se consiguió hasta 1917, pero el comunismo del país vecino logró afectar la estabilidad política y social finlandesa en las siguientes décadas. La paz sólo se empezó a respirar a mediados de los cincuenta, tras la muerte de Stalin. Finlandia, con menos de un siglo de existencia, es un Estado bastante joven; como tal, vivió un proceso de transformación radical en las últimas tres décadas del siglo XX. Es ahora cuando empieza a recoger los frutos de esa transición estratégicamente planificada.

Desde los cincuenta, la economía finlandesa estaba impulsada por las inversiones, y su producción estaba basada en maquinaria, la ingeniería y la industria forestal (madera, papel, etc.) Curiosamente, el afán por competir con su poderoso vecino, Suecia, motivó a los finlandeses a repensar su sistema económico. Cuidadosamente, se tomó una decisión radical: transformar la “economía industrial” en una “economía del conocimiento,” es decir, generar información como capital intangible. En este tipo de economía, el desarrollo del “capital humano” es fundamental y, en consecuencia, se eleva la producción doméstica de conocimiento y  los estándares en la educación.

El diseño del exitoso sistema educativo finlandés partió, aunque ahora suene paradójico, de un interés competitivo: se pensó y se estructuró para responder a una visión económica. Este origen no le resta peso; al contrario, muestra como la educación está hilada en un tejido mucho más complejo y completo. Para Finlandia, pensar la Educación significó sentarse a pensar en la nación que querían ser y construir.

En ese plan, el lineamiento económico guió la definición de los valores que se convertirían en algo más que el eje de las políticas estatales; también se convirtieron en el eje de la mentalidad y el comportamiento de todos los finlandeses. Por eso, no es extraño que Finlandia admita que las políticas educativas fueron basadas en los valores que sustentan a toda la nación: la equidad, colaboración, flexibilidad, creatividad, profesionalismo y el respeto mutuo. El sistema educativo finlandés hace énfasis en la enseñanza y en el aprendizaje, pero también en la creación de una atmósfera óptima -dentro y fuera de la escuela- para permitir el efectivo desarrollo de todos los individuos. De hecho, cada vez que nace un finlandés, el Estado envía una canasta a los padres del recién nacido. El contenido, además de un subsidio para alimentos y pañales por un año, es un poderoso mensaje: tres libros que orientan a la familia en cómo generar un ambiente propicio para el crecimiento y pleno desarrollo de su hijo(a).

La educación en Finlandia no es exitosa por su estructura, ni por la excelencia de sus profesores, ni por la abundancia de recursos. El plan educativo es exitoso porque jamás estuvo aislado del proyecto económico, ni del social ni del político. La escuela, el hogar y el gobierno son aliados en el proyecto, partiendo desde la vital comprensión de su interdependencia. La reforma educativa no fue sólo un fin, sino también un medio, un medio para construir nación. Esa es la receta del éxito del sistema educativo de Finlandia: una visión, un plan estratégico para el alineamiento en las políticas entre todos los sectores y el consecuente logro de una realidad coherente.

Si queremos aprender algo de este modelo, habría que concluir que la importancia y complejidad del debate de la Educación en Colombia radicaría, entonces, en una pregunta: ¿Qué nación queremos construir?

@antroPOETIKA


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7 Respuestas a “Pensar el Futuro Escolar en Colombia #2

  1. Pingback: Pensar el Futuro Escolar (#I) « antropoLOGIKA·

  2. Una vez más y con el tan traído y llevado ejemplo de la educación en Finlandia, reafirmamos que el cambio en el sistema educativo no es o más bien no debe ser algo aislado, debe ir de la mano con los otros sectores activos de nuestra sociedad: económico, social y político, si no de poco sirven excelentes profesores, recursos, etc.

    • De acuerdo. El caso de Finlandia ha sido muy mal utilizado útlimamente; el análisis está generalmente incompleto y se queda en la llana revisión de los componentes del modelo. Por eso lo retomo – para aclarar esa visión de superficie e ilustrar que el éxito de una política educativa consiste en concebirla como un proyecto de nación, uno en el que todos los sectores intervienen. Si no existe primero un alineamiento filosófico de todos esos componentes, de nada sirven los diseños y estrategias aisladas en el sistema educativo. Al final del día, en el aula de clases, el profesor no sólo tiene a sus alumnos – tiene a todo un país sentado en los pupitres: el nivel de vida de los estudiantes, los valores de sus familias y la definición que su entorno le da a la palabra educación. La educación no funciona si no es entendida como una responsabilidad compartida por todos los miembros de una sociedad. — Gracias por leer y por generar esperanza, al reafirmar esta visión.

  3. Pingback: Pensar el Futuro Escolar #2 « cheyenne5030·

  4. Yo soy madre de dos ninas recien en edad escolar y por lo tanto la educacion es un tema que me interesa mucho. Mudarnos a Finlandia pareceria una alternativa conveniente para las ninas, sin embargo, las posibilidades son escasas. En cualquier caso, la educacion de mis hijas es “un proyecto personal, del hogar” y, por supuesto, el producto de la interaccion de ese proyecto con todo lo demas -la escuela, la calle, el gobierno-, del pais donde estemos.
    En el proyecto de “educar a mi hijas” he establecido dos objetivos principales: el primero, que las ninas se conozcan: que descubran cuales son sus competencias y sus intereses, que se apropien y se sientan orgullosas de ellos, sin compararse. Y el segundo, que a lo largo de sus vidas logren desarrollarlos al maximo. “Las logicas y los estandares” de ese proceso se tienen que derivar de la naturaleza de cada una ellas, y la unica medida de rendimiento debe ser el nivel de satisfaccion y bienestar personal que alcancen. El reto mas grande quizas sea sacar adelante un proyecto de esa naturaleza, en un ambiente escolar que aun parece estar disenado para el servicio del mercado, y no del indiviudo. A pesar, tengo que reconocer, de todos los avances en ese sentido que he descubierto en mi actual experiencia.
    Como colombiana sueno con un modelo educativo con las caracteristicas de “mi proyecto”. Sueno con un pais en donde todos y cada uno de los ninos tengan la oportunidad de conocerce y desarrollar al maximo sus competencias, y de sentirse satisfechos con su vida.
    He leido algunos textos de Antropologika y me queda la esperanza de “un movimiento” con convicciones de ese tipo. La posibilidad de un pais mejor, de un mundo mejor.
    Victoria

    • La educación necesita más padres como usted, Victoria. Pocas veces los padres son conscientes del papel fundamental que cumplen dentro del proyecto educativo de un país, en el proyecto educativo de sus propios hijos. Muchos creen contribuir al buscar (y pagar, cuando pueden) colegios con grandes reputaciones o altos resultados (cuantitativos, claro está). Presionados por un sistema que cada vez más exige medir la competitividad académica, muchos presionan a sus hijos a desempeñarse de acuerdo a esos estándares establecidos por la norma social. Como profesora, he encontrado que los padres a veces son grandes enemigos de una educación que promueva eso mismo que usted menciona: que los estudiantes se conozcan a sí mismos, y así, potencialicen esas fortalezas y trabajen en las debilidades propias. Ese trabajo de impulsar y afirmar el descubrimiento propio, es una meta de pocos educadores y pocos padres. . . Si expongo a Finlandia, no lo hago como propuesta de modelo a copiar, sino para resaltar que precisamente lo de copiar es la idea de generar un modelo que parta desde nostros mismos: desde lo local Y desde el individuo. Gracias por compartir sus pensamientos y la felicito por ser una madre educadora.

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