De Guantánamo y otras deudas

Luego de los acontecimientos de aquel 11 de septiembre de 2001 que todos recordamos, Estados Unidos se arrogó la potestad de ser el más duro combatiente del terrorismo en el mundo, de perseguir, ocupar, devastar y tomar las acciones que hicieran falta para “hacer justicia” y proteger la nación; así, el país del norte justificó la guerra y la invasión de Afganistán y, posteriormente, la de Irak.

Con esa misma premisa explicó y validó la transformación de su base militar en Guantánamo, Cuba, en un “Centro de Detención” donde durante los últimos diez años, han sido recluidos y torturados cientos de sindicados de terrorismo provenientes del Medio Oriente, y otros aprehendidos durante las invasiones a los países de esa región.

Los presos de Guantánamo no tienen abogado. Muchos de ellos han sido retenidos sin ser señalados de cargos formales y, al ser considerados “combatientes enemigos ilegales” en lugar de prisioneros de guerra, pueden permanecer allí indefinidamente y ser sometidos a tortura y demás tratos inhumanos o degradantes. Esto se debe a que para ellos no aplica ningún tratado internacional de derechos humanos. Además, por encontrarse fuera del territorio, los reclusos no gozan de los derechos que otorga la Constitución de los Estados Unidos, tales como un juicio con jurado o la presunción de inocencia. No hay condenas legales, pero sí condenas físicas y psicológicas aun cuando no existen pruebas de la comisión de delitos ni tampoco investigaciones abiertas para determinar si realmente los hubo.

Siete presos han muerto en Guantánamo, uno a causa del cáncer, cinco por suicidio y uno sin razón definida. A ninguno de ellos se les practicó autopsia pese a ser responsabilidad del Estado, por estar bajo custodia al momento de fallecer.

En las pasadas elecciones presidenciales de Estados Unidos, los dos candidatos, el demócrata Barak Obama y el republicano John McCain, hicieron promesas en sus campañas para cerrar Guantánamo; incluso, una de las razones que hicieron merecedor del Premio Nobel de la Paz al actual Presidente, fue justamente lo que dijo que haría en su gobierno en materia de derechos humanos, incluyendo el cierre de este centro de detención. Luego de casi cuatro años, esto no ha podido concretarse.

El 23 de enero pasado, la Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Navi Pillay, solicitó expresamente la clausura definitiva de Guantánamo, declarando que el gobierno ha incumplido abiertamente con su compromiso de cierre y además ha ampliado su sistema de detención arbitrario. A pesar de que Estados Unidos niega la implementación de la tortura en él, varios informes de Amnistía Internacional, de la Cruz Roja Internacional y de las Naciones Unidas, han revelado datos que comprueban la ilegalidad de las detenciones y las múltiples vejaciones y malos tratos a los que son sometidos los reclusos.

Pero cuando de derechos humanos se trata, Guantánamo es sólo una de las muchas deudas que Estados Unidos tiene pendientes. Los instrumentos universales de los derechos humanos  que se han creado para la protección, defensa y garantía de estos derechos, son de obligatorio cumplimiento, instrumentos vinculantes para los países que los firman y ratifican que -de hecho- tienen mayor relevancia e importancia que las leyes consignadas en las constituciones nacionales.

Estados Unidos tiene gran influencia sobre las discusiones políticas, económicas y sociales que se dirimen en la ONU, dado su status como miembro permanente del Consejo de Seguridad (lo cual le otorga el derecho al veto en los temas que respectan a la paz y a la seguridad mundial). Además, realiza un gran aporte económico a la Organización. El poder que tiene le ha permitido instaurar un doble rasero que, por un lado, exige a los demás países cumplir las normativas internacionales de derechos humanos, mientras que al mismo tiempo los exime a ellos de acatarlas.

Pero esto no sorprende. Hay un punto en el que los intereses de la ONU y de los de Estados Unidos se unen e impiden que las cosas funcionen en condiciones de igualdad para todos los Estados parte, lo cual actúa en detrimento de la autonomía de las Naciones Unidas.

Es así como el país norteamericano termina siendo una especie de “Catón” contemporáneo que tiene el poder de condenar, juzgar y dar lecciones a los demás países sobre justicia, valores y moral, y a la vez se niega a acogerse a leyes internacionales sobre los derechos humanos -lo que le permite obviar las consecuencias de su incumplimiento o infracción, dentro y fuera de su territorio-.

Guantánamo sigue abierto. Dentro de él continúan siendo violados los derechos humanos de decenas de personas y Estados Unidos sigue dejando una larga estela de delitos que quedarán en la impunidad, si ningún organismo internacional tiene la facultad real de hacerle cumplir las leyes universales de derechos humanos.

Para tener en cuenta . . .

Entre los tratados más importantes que los Estados Unidos se ha negado a firmar y/o ratificar, se encuentran:

  • Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer
  • Convenio para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución ajena
  • Protocolo de Kyoto (que tiene por objeto la reducción de la producción de los seis gases de efecto de invernadero que producen el calentamiento global)
  • Tratado de prohibición completa de los ensayos nucleares
  • Convención sobre la prohibición del empleo, almacenamiento, producción y transferencia de minas antipersona
  • Convención sobre los derechos del niño y su Protocolo Facultativo relativo a la participación de los niños en conflictos armados
  • Pacto Internacional de derechos económicos, sociales y culturales y su segundo Protocolo Facultativo destinado a abolir la pena de muerte
  • Convención de Viena sobre el derecho de los tratados (que da el marco jurídico y vinculante de todos los tratados y pactos)
  • Convención sobre la imprescribilidad de los crímenes de guerra y de lesa humanidad
  • Niega la competencia de la Corte Internacional de Justicia de la Haya y de la Corte Penal Internacional, por lo que Estados Unidos no puede ser juzgado por crímenes de lesa humanidad, ni por crímenes de guerra, ni por genocidio

Si desea hacer seguimiento de los países que han firmado y ratificado los instrumentos universales de derechos humanos, visite la lista que provee las Naciones Unidas.

@LilaHerazo

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