El espacio público virtual

Por José Serrano

Del concepto de propiedad privada, entendido como el derecho de posesión de cualquier objeto o espacio, se desprende la dicotomía entre los conceptos espacio público y privado.  Esta separación espacial es el resultado de una concepción económica (la propiedad) y política relacionada con la idea del Estado. Bajo la premisa de que existe una institución soberana que tiene el poder sobre unos individuos en un espacio determinado, podemos comprender cómo se organiza el territorio y el tipo de comportamientos que allí se llevan a cabo. En este orden de ideas, en el espacio privado el control lo ejerce cada uno de los individuos y son ellos los únicos autorizados para utilizarlo. Por el contrario, el espacio público se encuentra bajo el control del Estado y es apropiado por la sociedad.

Lo público se concibe como el espacio de interacción por excelencia. El tipo de relaciones que allí suceden se determinan a partir de la interacción entre el Estado y la sociedad civil, en un juego entre la planificación urbana y la apropiación orgánica de los espacios por parte de la población. Sin embargo, es la población la que, en última instancia, marca las pautas a partir de las cuales se organiza el espacio público y las normas de comportamiento, ya sea a través de la figura del Estado (como producto de los ejercicios democráticos) o de la sociedad civil. Estas imposiciones de comportamiento responden a consensos sociales que se ponen en práctica en los espacios públicos.

Ahora traslademos esta misma dicotomía al campo virtual. Teniendo en cuenta que Internet  se creó en ese mismo contexto, se pretende que sus dinámicas respondan a lógicas similares, en el sentido en el que se recrean y se reproducen ideas como la posesión o el intercambio, que se traducen en una división entre lo privado y lo público, sin tener en cuenta las diferencias fundamentales en el tipo de interacciones que suceden en cada uno de los espacios (mundo físico vs mundo virtual). Las principales dificultades que se desprenden de este intento de equiparar la forma en la que se concibe el mundo offline y el mundo online son: el manejo del flujo de información y la concepción de los espacios de interacción, especialmente en lo que tiene que ver con restricciones.

A diferencia  de lo que ocurre en el contexto de los espacios físicos, bajo la organización socio-política de los Estados, en Internet esos límites territoriales desaparecen y la organización política del espacio virtual adquiere sus propias dinámicas. Es importante tener en cuenta que los campos de interacción que existen en la Red son creados por agentes privados y son ellos los que determinan las posibilidades y las normas para utilizarlos. De esta afirmación se desprenden dos puntos fundamentales de este análisis; el primero de ellos se centra en el hecho de que son esos agentes privados los que establecen la forma en la que se puede o no se puede interactuar en Internet. Es así como, en cada uno de los espacios, se establecen formas de relacionarse y trasmitir información dentro de las que podemos encontrar: chats, foros, likes, taggs, etc., que limitan la manera en la que los usuarios se pueden comunicar.

El segundo punto consiste en que, dentro de esas posibilidades de interacción, esos mismos agentes privados son los que determinan qué se puede comunicar y qué no. Relacionado con esto, es importante preguntarnos a qué renunciamos cuando abrimos una cuenta de Facebook, Twitter o un Blog y aceptamos los términos o cláusulas de privacidad que nos exigen para poder adquirir una cuenta. ¿No estamos renunciando, así, a nuestra libertad de expresión y poniendo en manos de agentes privados el poder de censura y restricción?

De igual manera, somos testigos de una migración de los centros de poder. Es cada vez más el terreno que cede el Estado ante los nuevos actores que inciden en lo que se denomina como “glocal”, o interacción entre los campos locales-regionales e internacionales, sin la mediación de los poderes nacionales. Este cambio se ve reflejado en todos los ámbitos de la vida en sociedad, y con el espacio público virtual no es diferente. El caso de China es tal vez el más llamativo en este sentido; la intervención política que ejerce el gobierno de dicho país asiático, sobre los recursos virtuales que pueden utilizar sus habitantes, es la mejor muestra de la consciencia que tienen algunos Estados sobre el nuevo poder emergente que suponen las redes sociales, y el potencial de cambio social y político que tienen estos nuevos espacios públicos (así como sucedió en Egipto).

Jillian C. York, directora del área de International Freedom of Expression de la Fundación Electronic Frontier, estudia el caso de Michael Anti, un activista chino cuya cuenta en Facebook fue cerrada. Según los administradores, las razones fueron porque el usuario no había publicado su verdadera información, sin tener en cuenta que suministrarla suponía un riesgo inminente para su seguridad, porque estaba violando las normas de restricción que imponía su país. York, también estudia el caso de la página de Facebook “We are all Khaled Said” que administraba un activista egipcio y también fue cerrada durante los disturbios en Egipto en contra de Hosni Mubarak, al ser supuestamente reportada por otros usuarios de la red social. Así podemos observar como la administración y manejo de la información implican un control sobre la forma en la que sus usuarios pueden interactuar. Teniendo en cuenta que el medio determina el tipo de relaciones que se pueden generar, aquel que controle ese medio, tendrá el poder de intervenir en los comportamientos de las comunidades involucradas.

Desde hace unas décadas se acostumbra afirmar que “quien controle la información tendrá el poder”; dicha frase resume perfectamente esta nueva situación a la que nos enfrentamos. El eterno problema de quién controla los medios adquiere, en este contexto, un nuevo sentido: al dejar de percibir al medio como mediador y al concebirlo ahora como espacio de interacción en el que se crean y controlan las diferentes formas de comunicación, se evidencia que existen fuerzas con la capacidad de moldear el tipo de relaciones que se generan. Se suma, entonces, un nuevo actor político diferente al Estado y a la sociedad civil, que permea las fronteras e incide en las decisiones de los gobiernos. Al controlar la esfera pública virtual, se incide directamente en el mundo offline y, en este contexto, individuos particulares tienen el poder de controlar la información y establecer las reglas de juego.

José Serrano Egresado de Antropología y Relaciones Internacionales de la Universidad de los Andes (Bogotá-Colombia). Administra la página “Antropología Digital” en Facebook, un espacio para la investigación digital. También escribe en su blog Antropología Digital.

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3 Respuestas a “El espacio público virtual

  1. Muy buen artículo.

    Considero que es necesario pensar este debate un poco mas allá de la libertad de expresión. La estructura actual corporativa (principalmente como está reglamentada en los EEUU) dicta que as empresas no sólo son dueñas de las plataformas tecnológicas, sino que además son dueñas del hardware y el software que integran los aparatos tecnológicos. Por ejemplo, si usted es dueño de un iphone o de cualquier otro smartphone, las condiciones y términos de uso dictan que al usted abrir el paquete en el que viene contenido el aparato está aceptando usar el equipo como lo dictaminan las compañías. Como tal, y lo que se dice legalmente, usted no es dueño de su teléfono ni de su computador así lo haya comprado ya que lo que se está adquiriendo es una licencia para usarlo. Claro, si usted no “corrompe” el equipo no tiene porque tener problemas con el fabricante. Aunque hasta el momento no hay casos registrados masivamente (más allá del casos el joven de 19 años que fue demandado por Sony al hachear el Play Station 3), existe la tentativa que las compañías intervengan desde los productos como tal. Esto último es avalado por la ley de derechos de autor en EEUU porque cuando se corrompe un equipo se entra a compartir información en el espacio público (aquí el debate).

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