Construcción de Memoria: El Rol del Archivista

Por: Christian Esteban Ramírez | @CEramsesgado

El rol de los archivistas en los procesos de creación de memoria es de vital importancia. No sólo son los autorizados a elegir que es importante guardar de un evento, sino que son ellos los encargados de proporcionar a los investigadores el contexto en el cual los archivos fueron producidos. En esta medida, el papel que juega un archivista es superlativo. Su papel no es el de juzgar ni interpretar la historia -ya que dentro de los cánones de la disciplina es bien sabido que la historia está para ser debatida. Su papel principal es el de conservar para que alguien más pueda llegar a confrontar. Pero, ¿qué pasa cuando la historia pasa de ser un archivo, video o documento, y se convierte en una escena, un performance de la vida real en donde se intenta revivir la historia? ¿Hay algo que los archivistas puedan hacer para darle contexto a estos performances? Este es el caso de Lituania, país en donde la historia soviética toma vida en forma de performance: bienvenidos al “Drama de supervivencia: 1984

En 1990, un año antes del colapso de la Unión Soviética, Lituania declaró su independencia. El trauma de la ocupación soviética depositó en la memoria colectiva de los lituanos recuerdos imborrables de lo que fue su vida antes y después de la ocupación. Este trauma no debe ser tomado como el legado negativo de la URSS. El trauma viene dado por la pérdida de lo que fue, de aquello que no volverá más, y la nostalgia que sigue instalada en la memoria de las generaciones adultas de lituanos. Este pasado contrasta a su vez con el “trauma” que viven las nuevas generaciones de lituanos, para quienes la Unión Soviética hace parte de la historia negra de su pasado cercano. En este contexto se desarrolla el performance “1984”, un acto en donde la memoria de lo que fue la Unión Soviética según Occidente toma vida, y en donde se representa el pasado de acuerdo con los valores de nuestro presente.

“A 25 kilómetros de la capital lituana, Vilna, hay un punto de control en el bosque: es la entrada a otro mundo. Un lugar en donde la bandera soviética es ondeada… bienvenidos a 1984, un “reality show” en donde los participantes pagan 50 dólares para experimentar uno de los peores lugares de la antigua Unión Soviética”. De esta forma el periodista del video anterior introduce el performance 1984, el drama de la Unión Soviética. Aunque el video por si sólo es aterrador, el performance, o al menos la idea de realizar el mismo, lo es aún más. La obra completa es hablada en ruso. Por más de tres horas, los espectadores están obligados a seguir los mandatos de un hombre vestido de militar, a 5 metros bajo tierra, mientras son golpeados, gritados, reciben ordenes que no entienden, y en donde culminan el día con una idea de lo que fue la URSS: un lugar terrible en donde las personas valen menos que nada, y en donde las libertades individuales son ilusiones de un soñador.

“En Lituania no se habla ni se entiende ruso. Los jóvenes saben muy poco de lo que fue la Unión Soviética, y lo poco que conocen es aquello que dicen los programas de televisión”, comentó una joven lituana residente en Bruselas durante una conferencia sobre Europa del Este en Ámsterdam, Países Bajos. “1984 no está hecho para los jóvenes lituanos. Este performance es pensado para los extranjeros que buscan algo exótico en un país de Europa del Este. Además, el precio que cobran es muy alto para un joven promedio que viva en Vilna”. Los oscuros y angostos túneles del bunker anti nuclear, las máscaras de gas y la rudeza militar son, entre otros aspectos, parte de esa imagen que las nuevas generaciones tanto de Europa del Este como del Oeste, tienen acerca de lo que era la URSS. Esa imagen es la que aún se construye acerca de lo que fue el comunismo, y la que por muchos años alimentó la idea de que el capitalismo, por encima de cualquier otro sistema, era el menos malo de todos.

Los jóvenes lituanos (o al menos los que he conocido por fuera de Lituania), aunque no asisten a performances como el de 1984, conservan una idea muy parecida de lo que fue su país a la representada en el acto teatral. Esta idea les impide entender el por qué muchos de los ancianos de su país aún se manifiestan y reclaman la vuelta del comunismo. Los jóvenes más atrevidos interpretan estos como actos productos de la nostalgia. Para ellos el hecho que los ancianos tengan problemas nutricionales y aguanten frío durante el invierno, tiene poco qué ver con los sucesos relacionas a la caída del muro de hierro. ¿Se debe culpar a la indiferencia? ¿o acaso no tendrán culpa los historiadores? ¿y que hay de la política nacional que aún intenta dejar de lado el legado soviético en sus ansias por ser considerados europeos de primera categoría- Indiferentemente de las respuesta que puedan suscitar estas preguntas, es que actos como los representados en el performance 1984 están lejos de ser casuales. Estos responden a la necesidad de forzar una memoria post soviética, que ayude a recordar por qué se vive mejor hoy que ayer, y en donde el viejo adagio de “todo tiempo pasado fue mejor” se borre del imaginario lituano.

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