Re-significando lo femenino: América Latina y la lúdica de la posibilidad

rosa

Por Paola Rubio Ferrer | @PRubioFerrer

“I dwell in Possibility –

A fairer House than Prose –

More numerous of Windows –

Superior – for Doors –“

Emily Dickinson

Según los situacionistas franceses de los años cincuenta y sesenta, el sistema social reproduce patrones rígidos que imposibilitan la libertad ontológica dentro del espacio de la vida cotidiana. Desde esa mirada, el reto supone generar nuevas situaciones que produzcan reacciones en cadena, capaces de propiciar cambios significativos en la sociedad y en la cultura. Para este movimiento estético (y político), las situaciones más valiosas son aquellas que transforman a los individuos, sin posibilidad de retorno . . . situaciones donde el arte sea usado como herramienta central de un metalenguaje que opere con sus propias lógicas y reglas. El Situacionismo planteaba la resemantización de las costumbres, del espacio, de las relaciones y del conocimiento, es decir, la re-significación de la experiencia vital.

El postmodernismo –con todo los clichés y las complejidades conceptuales que sugiere-­ podría definirse como una condición, una metasituación que contiene otro sinnúmero de situaciones que “problematizan los vínculos equívocos que el mundo moderno armó con las tradiciones que quiso excluir o superar para constituirse” (García Canclini). Quizás dichas situaciones no fueron todas fabricadas con intenciones deliberadas, o no fueron fabricadas del todo, pero de alguna manera terminaron por desestabilizar los constructos modernos.

América Latina, ese icónico “pastiche”/”bricolage” de matices y de procesos culturales, ese espacio donde la hibridez se materializa en múltiples formas -esa histórica “orilla” que vio llegar a los barcos colonizadores, los ferrocarriles y los aviones- fue (y es) territorio atravesado por la relación de poder llamada colonialidad. Pero aún cuando esa verticalidad de la modernidad y del proyecto modernizador determinen y configuren mucho de lo que somos, la poética de la posibilidad trasciende los muros de esa prosa estoica. América Latina es mujer, no con ello dando connotaciones de género o sexistas; se trata más bien de imaginar la noción de lo femenino como herramienta decolonizadora, como articulador y potenciador de varias formas de transgresión, como vector de cuestionamiento múltiple a las operaciones de la cultura que se naturalizan. Dicho ejercicio es un situacionismo que utiliza el lenguaje como herramienta para conferir nuevos sentidos a la realidad que nos rodea, para abrir las nociones cerradas e “imaginar una experiencia del discurso suficientemente fluida para moverse entre lo lógico‐categorial y lo concreto‐material”, una experiencia interdialéctica, una relacionalidad (Richard). El ejercicio no se trata de entender la modernidad como “constelación cultural superpuesta a una realidad profunda” (Brunner), sino en de-­simbolizar lo que la modernidad nos introdujo y revalorarlo desde un lugar pre discursivo que ligue el cuerpo, la experiencia y la verdad, sin andamiajes interpretativos preconcebidos (Richard).

Si el eje de la modernidad es la organización (del saber, de las jerarquías, de los órdenes económicos, etc.), el de la postmodernidad es la descentralización, la hibridez, lo transversal. América Latina es un ángulo privilegiado para proponer nuevas formas de entender y significar “esta complejidad que no es fácil de asimilar por los esquemas de análisis” (Brunner).

En este sentido hay otro “juego de posibilidad”, otra situación que generaría cambios en la resignificación del mundo: la transdisciplinaridad, una concepción horizontal y porosa entre las disciplinas que tradicionalmente pretendían subdividir y categorizar el mundo, a través de miradas parciales e incompletas. Dicha visión bien podría generar “otro modo de concebir la modernización latinoamericana: los intentos de renovación con que diversos sectores se hacen cargo de la heterogeneidad multitemporal de cada nación” y los vectores de poder que atraviesan nuestras realidades (García Canclini).

Para deconstruir el mito de “lo propiamente latinoamericano” y aprovechar el lugar privilegiado que America Latina significa para entender la postmodernidad, se debe jugar a resignificar el mundo y aprender a morar en la poética de la posibilidad. Este es un acto no sólo lúdico e intelectual, sino también político: es “la política situacional de la resignificación crítica” (Richard) o quizás el ejercicio concreto desde un paradigma otro (Mignolo). ♠

Referencias

  • García Canclini, Néstor. 1990. Culturas híbridas: estrategias para entrar y salir de la modernidad. 
  • Nelly Richard. “Feminismo, experiencia y representación”. Revista iberoamericana
  • Nelly Richard. Cultural Peripheries: Latin America and Postmodernist De-­‐centering.
  • Brunner, José Joaquín. 1992. “Entonces, ¿existe o no la modernidad en América Latina?”. En América Latina: Cultura y modernidad.
  • Mignolo, Walter. Historias locales diseños globales. Colonialidad, conocimientos subalternos y pensamiento fronterizo. 2003. 
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