Cyborgs

Por José Serrano

La imagen de un “Cyborg” es la de un personaje de ciencia ficción, mitad hombre mitad máquina. Hay unos que lo conciben como la inevitable consecuencia de un futuro apocalíptico, ellos, los hijos del “cyberpunk”, son los que nos muestran al “cyborg” como el resultado de la decadencia del hombre a manos de la tecnología. Por el contrario, muchos otros percibimos este fenómeno como un proceso simbiótico en el que la dicotomía entre lo humano y lo no humano, se difumina en un proceso de redes e interacciones en las que ambos actores adquieren agencia, como lo planteará Bruno Latour en su Actor-Network Theory.

Donna Haraway, profesora de la Universidad de California y autora del texto “El Manifiesto Cyborg”, define este concepto como una criatura híbrida entre un organismo y una máquina. Viéndolo de esa forma, ¿no somos todos el resultado de múltiples híbridos que nos permiten comunicarnos, interactuar o en ciertos casos, simplemente ver? No es necesario tener un cuerpo hecho de metal o  un brazo biónico para ser un “cyborg”; el sólo hecho de valernos de una herramienta para poder hacer lo que hacemos todos los días, nos hace un producto de la tecnología.

Hace unos años me diagnosticaron miopía, y ha avanzado a tal punto que hoy veo muy poco. Si no fuera porque ya existen gafas o lentes de contacto con las dioptrías necesarias para compensar esta discapacidad, no podría realizar muchas de las actividades que llevo a cabo en mi día a día, con la misma efectividad.

Ahora bien, esta situación no sólo modifica lo que puedo o no hacer, también afecta el tipo de interacciones sociales que llevo a cabo. El hecho de utilizar gafas o lentes de contacto, implica que tengo que ser muy cuidadoso en mis actividades cotidianas, bien sea porque puedo adquirir una infección o simplemente porque si pierdo mis gafas o uno de mis lentes, no sabría cómo volver a mi casa. El punto de todo esto es demostrar cómo nos estamos ayudando todos los días de la tecnología para amplificar nuestras habilidades o tratar de regular aquellas deficiencias que nos limitan de una u otra manera – caso similar al de las prótesis o el marcapasos, entre otros avances médicos.

Ya pudimos observar cómo la tecnología suple algunas de nuestras deficiencias, pero ahora analicemos la forma en la que amplifica nuestras capacidades. Gracias a los estudios arqueológicos hemos descubierto algunas de las herramientas que utilizaban nuestros antepasados para simplificar y mejorar cada una de las actividades cotidianas que realizaban. La caza, la recolección y la agricultura son tal vez los mejores ejemplos de cómo estas nuevas tecnologías permitieron el desarrollo de nuevas formas de alimentación, que a su vez ayudaron al cambio en otros aspectos de la vida en comunidad como el sedentarismo, las jerarquías y en general la organización social aspectos que recibimos como herencia, hoy en día. Sin entrar en polémicas antropológicas, a lo que voy es a que una de las características que nos diferencian a los seres humanos de la mayoría de las otras especies es la capacidad de utilizar el medio que nos rodea para nuestro beneficio. Es así como podemos ser más ágiles, más veloces y más letales, siendo una especie que se construye a partir de elementos externos sin los cuales quedaría indefensa y sería vulnerable.

Pero todo eso no solo ocurría con los primeros homínidos o culturas “insipientes”, sino que ha seguido sucediendo a través de la historia. Podemos decir entonces que nos hemos seguido adaptando a las nuevas circunstancias y que cada reto nos hace pensar en una nueva solución. La dificultad que se nos plantea hoy en día está relacionada con la comunicación; buscamos reducir distancias y llegar a la mayor cantidad de personas, en el menor tiempo posible. Las sociedades contemporáneas pretenden, cada vez más, interconectarse unas con otras. Impulsadas por necesidades comerciales o por una búsqueda de conocimiento, han iniciando una carrera por el desarrollo de medios de comunicación más efectivos. La navegación, el transporte terrestre y la aviación, acercaron físicamente a las personas. La radio y la televisión permitieron llegar a mayores audiencias pero implicaban un tipo de comunicación en una sola vía, lo que quiere decir que tan sólo existía un emisor y una gran cantidad de receptores. La comunicación telefónica, por otro lado, implicó un nuevo tipo de interacción virtual en tiempo real que le permitía al usuario recibir y enviar información de forma simultánea. El Internet, en su primera etapa, cumplía esta misma función de conectividad, pero funcionaba también en una sola vía. Sin embargo, con la aparición de las redes sociales, la simplificación del acceso y la creación de blogs y páginas, se desarrolló La Web 2.0 que permite a los usuarios interactuar y generar un tipo de comunicación de doble vía, en la que los implicados actúan como emisores y receptores, simultáneamente.

Cada una de las herramientas constituye una nueva forma de interacción entre las personas, bajo la creación de nuevos espacios para relacionarse. El hombre se convierte en un nuevo híbrido humano-máquina que sólo se puede entender a partir de su relación con las nuevas tecnologías. En este sentido ni la tecnología determina el comportamiento social, ni la sociedad constituye los desarrollos tecnológicos. Ambas partes poseen agencia, entendiendo que las personas crean las herramientas, pero éstas terminan determinando su comportamiento y el medio ambiente al que se deben adaptar. Amber Case, antropóloga de UCLA en los Estados Unidos y de la teoría de Prostethic Cultures, analiza esta situación alrededor de los teléfonos móviles e identifica cómo estos aparatos funcionan como herramientas portátiles que nos permiten interactuar con cualquier persona en cualquier momento, desafiando nociones de tiempo, espacio y de presencia física y virtual. Case afirma que el celular le permite al hombre una co-presencia en la que se encuentra físicamente en un espacio pero mentalmente en otro, creando lugares privados de conversación, aislando así al sujeto de lo que sucede a su alrededor y creando su propia realidad o transportándose a aquella al otro lado del teléfono. El celular permite amplificar la voz, el oído, la vista y los pensamientos, haciendo que los demás experimenten lo que estamos viviendo, en tiempo real.

De igual manera funciona el computador. Este se convierte en una extensión de nosotros mismos permitiéndonos vivir otra vida, a través de la pantalla, compartiendo información por diferentes medios: un video, un comentario o un simple like pueden evocar un sinfín de sentimientos o sensaciones. Se crean reglas de comportamiento en la red y socialmente se determinan espacios por los cuales comunicarnos dependiendo de lo que queremos expresar. En mi caso particular, el mail lo utilizo para enviar información relacionada con asuntos importantes: trabajo, estudio, cartas interpersonales, etc. Los diferentes espacios de Facebook, en cambio, me permiten realizar una gran cantidad de actividades, principalmente dirigidas al desarrollo de  mis hobbies y de mis actividades de ocio y entretenimiento. El Twitter, es para difundir información en 140 caracteres, por lo que es preciso ser concreto y explícito, y el Blog es para escribir textos más extensos y ampliar los argumentos que se vayan a exponer.

Los espacios y las formas de comunicación son culturalmente aprendidas. Esto implica que las acciones que se lleven a cabo son susceptibles de aprobación o rechazo por parte de los demás y, a partir de ese comportamiento, moldeamos nuestra conducta. Las sociedades o comunidades virtuales son el reflejo del surgimiento de un nuevo “Cyborg”, un ser que muta y se adapta, un híbrido entre el mundo concreto y el mundo digital que él mismo crea. Es un ser que se comunica y vive en dos dimensiones. En términos de Latour, el agente deja de ser entendido como un objeto concreto, percibido generalmente como  el ser humano, y empieza a entenderse como interacciones o puntos de encuentro. Tal y como sucede con las redes, son las múltiples intersecciones las que adquieren relevancia y determinan sus límites. Así sucede con el cyborg, un nuevo agente que construye y es construido por su medio social.

José Serrano Egresado de Antropología y Relaciones Internacionales de la Universidad de los Andes (Bogotá-Colombia). Administra la página “Antropología Digital” en Facebook, un espacio para la investigación digital. También escribe en su blog Antropología Digital.

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2 Respuestas a “Cyborgs

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