La parábola en la era digital

Por Paola Rubio Ferrer

En el aire se respiraba la devoción con la que el hombre primitivo se rendía ante el embrujo del fuego.  Un grupo de niñas, con faldas a cuadros, en silencio . . . rodeando a Piedad, atentas a la secuencia de sus historias. Hasta quinto grado, mis compañeras del colegio y yo adoramos esa clase de Religión. Piéh-da, como suena ese nombre en el cariño cartagenero, utilizaba una ancestral estrategia: ella nos contaba los relatos de la Biblia, le daba vida a los personajes, entendía y sabía transmitir la magia de la narración oral.  Su habilidad para capturar la atención de niñas menores de 10 años, en medio del infernal fogaje húmedo del caribe colombiano, era sorprendente. Creo que fue ella quien logró mantener mi fe católica prendida –por fortuna, ya extinguida- durante mis primeros 15 años de vida.

Luego vino décimo grado, el grunge, la clase de filosofía, las lecturas, los amigos con intereses comunes . . . en fin, el desarrollo natural de una forma más compleja de entender y de relacionarme con el mundo.

Independientemente de si se cree o no en la existencia real de Adán y Eva, o en la veracidad histórica del antiguo y nuevo testamento, es imposible no reconocer el valor literario del libro sagrado cristiano y su relevancia como capital inmaterial de sabiduría humana. Las historias están llenas de anécdotas, diálogos y monólogos; la estética narrativa es a veces poética, pero generalmente está basada en fórmulas, en caracterizaciones planas y tramas simples,  parábolas infantiles con enseñanzas morales. Obviamente, esta estrategia era intencional: las ‘sagradas escrituras’ son relatos que tenían fines didácticos, transmitidos oralmente, para el aleccionamiento de un público de todas las edades y niveles cognitivos/educativos. Algunos dirían que las parábolas tenían hasta fines ideológicos de reclutamiento -no podemos olvidar que Jesús de Nazareth invitó a los niños a que se acercaran a él y lo siguieran, mucho antes de que Facebook se inventara el “like” o el “follow”-. La simplificación extrema de estas historias bíblicas no era sólo un recurso estilístico; el artificio de ese mundo en blanco y negro, carente de grises, también era una manera de facilitar una alta difusión del mensaje y un efectivo adoctrinamiento. “Érase una vez” no es una fórmula sin propósito – es un recurso nemotécnico para recordar las historias y un instrumento retórico para contarlas, a viva voz, de generación en generación.

Pero los siglos han transcurrido. De la oralidad pasamos a Guttenberg y de lo impreso llegamos a lo digital. Más allá de hablar de medios o dispositivos, esta transición significa un acceso diferente al conocimiento y a la información, una manera de entender la realidad, una ilusión de ubicuidad y omnipotencia. Me refiero a velocidad, formas, ángulos, cantidad, calidad. Sabemos más, pero no necesariamente entendemos mejor. El pensamiento crítico es, quizás, la única herramienta que nos queda para discernir entre información veraz y artificio, entre datos y conocimiento, entre ficciones y realidades. Estamos a la intemperie: llueve, hay tormentas y avalanchas de información.

Mucho se ha dicho ya sobre KONY 2012, el famoso viral que poco tiene de documental, pero que mucho tiene de publirreportaje y de parábola. Lo que impacta de este fenómeno publicitario no son los propósitos políticos y económicos que la campaña misma disfraza y acomoda. El objetivo neocolonizador de KONY 2012 no es nada nuevo, ni mucho menos un caso único; lo que ahora rompe la tradición es la estrategia mediática para legitimar tales fines y la dimensión de la vulnerabilidad a la que estamos todos expuestos en el ecosistema digital. El asombro lo causa el video mismo con su poder manipulativo, su falta de ética, su altísima calidad técnica, su sofisticada y elaborada estética, y su gran poder para persuadir, adoctrinar y reclutar. Más allá de los propósitos y connotaciones políticas que esta campaña traiga consigo, el viral genera profundos interrogantes en cuanto a diseño y estrategia comunicativa.

Todo mensaje debe considerar tres modos de persuasión para ser convincente, según la definición clásica griega de la retórica: logos (argumentos, razón), pathos (emociones, experiencia) y ethos (el carácter o los principios que guían al individuo, grupo, organización o nación emisora del mensaje). Esos mismos elementos son aún los ejes en la elaboración de los mensajes que buscan persuadir, siendo los más destacados los discursos políticos, las propagandas y las campañas publicitarias.

KONY 2012, como una sofisticada propaganda, manipula estos componentes magistralmente. En cuanto a logos, el viral tiene argumentos, aunque exageradamente simplificados y parcializados, con profundas y deliberadas omisiones de información y de contexto para entender la real situación de Uganda.  Con respecto al pathos, hay un (ab)uso de estrategias para la manipulación emocional de la audiencia, utilizando la infancia como recurso (Jacob y el pequeño hijo del director) y una estética visual bastante sofisticada que deslumbra los sentidos y mueve corazones. En el componente de ethos, también hay una clara fabricación de la personalidad o carácter del director, Jason Russell, un joven y moderno padre de familia “en la jugada”, con pinta de empleado de algún cool monopolio del silicon valley, y que aunque no mata una mosca, tiene un espíritu guerrero-pacifista. De igual forma, el viral fabrica un ethos para un movimiento social creado de la nada y para una organización a la que es un descaro darle el calificativo de “sin ánimo de lucro”.

Los próximos 27 minutos son un experimento. Para que funcione, debes prestar atención”.  Así, como quien comienza a contarle un cuento a un niño de 4 años, inicia KONY 2012 . . . y es precisamente esa infantilización del espectador lo que más disgusta del video. La audiencia es subestimada con la simplificación ridícula de un problema muy complejo y con una narrativa de parábola bíblica que tendría sentido en otros tiempos, no en una era de flujo ilimitado de información como la nuestra. Lo preocupante aquí es que la audiencia sucumbe y responde al rol de niño que se le pide, luego consume la información sin mayor cuestionamiento y termina por suscribirse a un movimiento que el día anterior no tenía siquiera existencia. La manipulación del video es tan sofisticada que hasta los más escépticos logran obviar la estrategia (aunque la noten), conmovidos hasta el llanto, en el primer vistazo del video. Desafortunadamente, tuve la experiencia de contarme entre los miembros de ese grupo, aun cuando reaccioné en el segundo vistazo y con los comentarios de amigos que estaban más despiertos que yo.

Las parábolas son analogías o narraciones simbólicas, relatos simples sin mayor contexto que pretenden mostrar una enseñanza moral o una verdad relevante. KONY 2012 es una parábola (con tintes de fábula) sobre una juventud que busca darle sentido a su vida, salvando a un país distante -del que poco o nada saben- de un monstruo que asesina niños. Quisera ser tan optimista (¿ingenua?¿descarada?) como Jason Rusell, director del viral, quien piensa que la simplificación de ideas en el video tienen como propósito iniciar una conversación y quien asume que señalarle a su hijo quién es Darth Vader (Kony) y quienes los Jedis (la juventud), es educación.

Es innegable que KONY 2012 es una idea brillante, en términos de mercadeo, pero vender una historia, suscribir miembros al movimiento con brazaletes de plástico y hacer a Kony famoso, no es una respuesta real ni ética para una problemática que tiene una historia y un contexto que la explica. Es más, la solución no está en las manos de Invisible Children y nadie les exige que sean ellos quienes salven al mundo . . . pero tampoco se les puede permitir que inventen esas parábolas infantiles para disfrazar las sucias intenciones de una invasión militar a Uganda.

Quizás la humanidad jamás dejará de caer frente al embrujo de una fogata, o quizás todos guardamos ese espíritu infantil que anhela deslumbrarse con parábolas bien contadas en la clase de Religión. El problema con KONY 2012 radica en que las implicaciones éticas de esta situación son mucho más masivas, concretas y negativas; radica también en que el simbolismo en esta historia no remite a una analogía con fines educativos, sino al camuflaje de intereses económicos y políticos de un país, de una organización con intenciones algo menos filantrópicas de las que vende, y de una red social que pretende elevar su precio en la bolsa de valores, demonstrando su gran poder de venta y conectividad.

Creo que la campaña que nos urge es otra. “Dejad que los niños se acerquen a mí” fue una frase inofensiva en la boca del Nazareno, pero hoy es una frase que adoctrina a las nuevas generaciones, a plena luz del día, en la era digital. Lo que realmente nos urge, en esta era de exceso de datos y de información, es promover el desarrollo de la capacidad crítica.

 

 

 

 

@antroPOETIKA

 

 

NOTA >>>  Justo hoy, horas después de publicar este texto, aparece esta noticia: Jason Russell (director de KONY 2012) fue detenido ayer en San Diego, California por masturbarse en público

 

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2 Respuestas a “La parábola en la era digital

  1. well, congrats, for your very good “capacidad crítica” and the connection made between the parabolas and the KONY vid.
    I still think there will no “invasión militar a Uganda”, because the interest lies in the oil they have, explored by the UK, and the Italians wont some too. As far as gunnery they are buying JETS from the Russians!( http://www.nytimes.com/2011/11/26/world/africa/uganda-welcomes-oil-but-fears-graft-it-attracts.html?_r=1&ref=uganda) and http://online.wsj.com/article/SB10001424052748704013604576248094099823846.html
    BUT, i can be wrong, and i agree with you, net is a powerful tool in the wrong hands. There are plenty of examples. And Off course, you are totally right by saying , in this campaign “El problema con KONY 2012 radica en que las implicaciones éticas de esta situación son mucho más masivas, concretas y negativas; radica también en que el simbolismo en esta historia no remite a una analogía con fines educativos, sino al camuflaje de intereses económicos y políticos de un país, de una organización con intenciones algo menos filantrópicas de las que vende, y de una red social que pretende elevar su precio en la bolsa de valores, demonstrando su gran poder de venta y conectividad.”

    abrazos
    ac

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